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Crean supervegetales con bacterias de la Antártica

Académico, que ha trabajado en el continente blanco, logra generar una simbiosis entre microorganismos con distintos vegetales, entregándoles condiciones de resistencia.

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Crean supervegetales con bacterias de la Antártica


17 Mayo 2017

Arándanos capaces de soportar potentes heladas en el invierno del Valle Central, verduras que toleran suelos salinos dados por el aumento de las temperaturas y las cada vez más escasas precipitaciones, o que crecen de manera normal en situaciones de estrés hídrico o sequía. Son los “súper vegetales” desarrollados por investigadores del Instituto de Ciencias Biológicas (ICB), que en sus estudios sobre la genética de plantas que sobreviven a las inclemencias de la zona antártica, han logrado inocular frutales y hortalizas para darles características únicas de desarrollo y tolerancia ambiental.

Marco Molina, académico del ICB, líder de este trabajo, ya ha realizado siete viajes a la Antártica para estudiar cómo la flora de esta zona es capaz de sobrevivir al frío, la poca cantidad de agua —que se encuentra mayormente congelada— y los escasos nutrientes disponibles en el suelo.

“Mi trabajo es utilizar la Antártica como un laboratorio natural. Allí con estudiantes de pre y post grado extraemos bio-recursos como hongos y bacterias, buscándoles una aplicación. Acá vemos que, con la inoculación de estos microorganismos, se les confiere tolerancia. Por ejemplo vemos que a los arándanos la inoculación de estos microorganismos les confiere tolerancia a las heladas, evitando que mueran, o se inoculan vegetales como lechugas y tomates con hongos, para aumentar su productividad y, al mismo tiempo, ahorrar agua”, explicó el académico.

Por otra parte, existen plantas que al inocularlas con microorganismos, generan una simbiosis lo cual permitiría abastecerlas con agua levemente desalinizada y desarrollarse perfectamente. “Estamos tratando de generar algunas herramientas biotecnológicas sobre la base de esta investigación no solo para el sector agrícola, sino que también para el área forestal a través del planes pilotos de reforestación con árboles inoculados con estos microorganismos”, añadió el académico.

El último trabajo publicado por el docente consiste en inocular plantas de lechugas con hongos antárticos, profundizando en los mecanismos moleculares que inducen estos sobre las plantas. Esta simbiosis permitió disminuir en un 20% el consumo de agua para la obtención de individuos comerciales, lo que puede traducirse en grandes ahorros para la agricultura y una alta eficiencia en cultivos de cientos de hectáreas.

Además se logra acelerar el proceso de cosecha, al conseguir agregar un cuarto ciclo anual a los tres normales.

MÉTODO

La técnica, según Molina, consiste en tomar las raíces de plantas de la Antártica y con medios de esterilización se extraen los hongos y se agregan a medios de cultivos. Luego, en un cepario, se identifican qué tipos de microorganismos se posee.

Los microorganismos, que pueden venir desde las hojas o raíces, se pican en pequeños trozos y se enfrascan y comienzan a crecer para ser extraídas, conocer su especie y luego ser inyectadas a través de un medio acuoso.

“En tres años se han obtenido lechugas de calibre comercial con casi un 20% menos de agua y un tiempo también un 20% menor. Si gastamos la misma cantidad de agua con verduras inoculadas con estos microorganismos, estas son un 15% más grandes”, concluyó el profesor Molina.



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