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PROYECTO ANILLO

Investigadores analizaron avances de proyecto sobre la frutilla chilena

La académica Alejandra Moya, investigadora principal, valoró el encuentro como instancia fructífera para el intercambio de información entre los grupos que participan en el equipo de investigación, que son de la Universidad de Chile, la Universidad de Concepción y mayoritariamente de la Universidad de Talca.

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Investigadores analizaron avances de proyecto sobre la frutilla chilena


20 Agosto 2014

Alrededor de 30 participantes, entre investigadores y asistentes, participaron en una jornada que se realizó en el Instituto de Ciencias Biológicas, en torno al proyecto Anillo Centro avanzado, para el estudio integrado de la maduración de la frutilla chilena y de sus bases moleculares y fisiológicas, que determinan sus características y calidad.

El equipo del proyecto, del que es investigadora principal la académica del mencionado instituto, Alejandra Moya, se reunió para intercambiar información sobre los avances de las diferentes líneas de trabajo que se llevan a cabo en la Universidad de Chile, la Universidad de Concepción y la Universidad de Talca.

Este es el segundo año del proyecto, que continuó un primer estudio en el que se identificaron algunos genes participantes en el ablandamiento de la fruta y en el desarrollo de color y aroma. “Con este nuevo proyecto Anillo quisimos avanzar para entender el proceso de regulaciones y pensar en un mecanismo de intervención apropiado para conseguir un fruto de calidad”, explicó Alejandra Moya.

La idea del taller era lograr un encuentro mucho más fructífero entre todos los integrantes del proyecto, más allá de la comunicación habitual por correo electrónico o skype. Cada uno de los participantes presentó sus avances, “de manera de integrar la información y diseñar los caminos a seguir durante los próximos meses”.

Sobre las líneas de investigación del proyecto, precisó que el trabajo se ha enfocado esencialmente en aspectos de la calidad de la frutilla chilena —el fruto nativo, de color blanco—. Estamos viendo cómo preservarla de mejor manera una vez cosechada. Hay una serie de ensayos en campo y en el laboratorio en los que estamos probando nuevos productos y evaluando cuál es el efecto que tienen sobre algunas características importantes. Estamos pensando en firmeza, que es un aspecto esencial para prolongar la post cosecha; en la calidad organoléptica de fruta y en la calidad funcional que puede tener esta frutilla”, señaló.

La investigadora añadió que el nivel de antioxidantes es alto y se está investigando la capacidad de esta frutilla en prevención por ejemplo de cáncer y formación de trombos. “También estamos viendo, en ensayos con ratones, que los extractos de frutilla blanca son muy buenos para evitar la isquemia hepática. “Tiene una serie de propiedades funcionales, benéficas para la salud humana”, dijo.

Los investigadores también están estudiando la capacidad de defensa de esta fruta frente a patógenos, particularmente su resistencia frente a la botritis, un hongo que con frecuencia la afecta, pero la frutilla blanca se defiende mejor. “Estamos tratando de averiguar por qué tiene esa mayor defensa y cómo maximizar de alguna manera esa capacidad”, remarcó.

Mientras tanto, desde el punto de vista más básico, los equipos de investigación están tratando de entender el proceso de maduración de esta frutilla y cómo desarrolla una serie de características de calidad asociadas a la madurez.”Por ejemplo, cómo se ablanda y buscar en el fondo los mecanismos moleculares involucrados, hormonas que participan, para permitir que esta frutilla se ablande y madure en forma apropiada”.

Moya expresó que el proyecto tiene que resolver unas cuantas preguntas, cuyas respuestas ya están en parte avanzadas, pero falta conocer cómo se regula la maduración y cómo hacerlo en forma exógena, de modo de evitar el ablandamiento en la post cosecha y asegurar que mantenga las características de calidad que se le conocen.

Por su parte, Raúl Herrera, académico del Instituto de Ciencias Biológicas y director alterno del proyecto -que cuenta con un financiamiento anual de 150 millones de pesos y se extiende por tres años- está a cargo de un equipo de investigadores jóvenes que ha logrado coordinarse, función que es parte de su rol como supervisor de los trabajos que realizan los post doctorantes y de los distintos grupos. “La coordinación permite optimizar el trabajo de todos. Por ejemplo, Carlos Figueroa, de la Universidad de Concepción, mantiene el banco de germoplasma y al mismo tiempo está haciendo unos cruzamientos. Una vez que él logra obtener estos individuos de progenia, los investigadores de la Universidad de Chile o nosotros podemos solicitar esos materiales para poder hacer algunos ensayos bioquímicos o moleculares”, detalló.



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