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Migrantes en el Maule: lenta aceptación

Para algunos más que otros, la inclusión de los extranjeros a la realidad local no ha sido fácil. Adaptación que tampoco ha sido fácil para ellos, en especial, para los haitianos, a quienes por causa del idioma les resulta más difícil integrarse.

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Migrantes en el Maule: lenta aceptación


30 Noviembre 2017

Poco a poco, los maulinos se han ido acostumbrando a compartir espacios con extranjeros que han llegado a estas tierras atraídos por la esperanza de encontrar una mejor vida y también a aportar a la sociedad.

“Nos vienen a quitar los trabajos”, comentó airada una vendedora de frutas en Talca, respecto a los inmigrantes, opinión que no suele escucharse con frecuencia, tal vez porque se van superando las suspicacias y prejuicios en localidades no acostumbradas a recibir demasiados extranjeros.

Las ciudades maulinas, alejadas de puertos y aeropuertos, compartían con miembros de algunas colonias extranjeras, principalmente de España y países del Medio Oriente. Por años las únicas personas de raza negra que se paseaban por la Uno Sur eran jugadores de básquetbol del Club Español, procedentes de Estados Unidos.

“La inmigración ha experimentado un notable crecimiento en la región, en particular en las provincias de Talca y Curicó, que albergan a un 55 por ciento y 30 por ciento de los migrantes en el Maule, respectivamente”, precisó la secretaria regional ministerial del Trabajo, Elia Piedras.

ESPERANZA

Quienes se instalan en la Región del Maule lo hacen atraídos por la oportunidad de vivir en condiciones de seguridad y la posibilidad de encontrar trabajo. “Algo que los chilenos no siempre valoramos”, acotó la seremi.

Las palabras de la autoridad encierran también una queja porque “pese a la generosidad de nuestros migrantes de ofrecernos su esfuerzo, compromiso y talento, en muchos lugares no se respetan sus derechos laborales”.

Como ejemplo de lo anterior recordó que hace justo un año, un fundo de la comuna de Longaví se transformó en centro de la noticia por la explotación laboral de inmigrantes, a quienes mantenían en deplorables condiciones de trabajo y de vida. Eran 35 haitianos, entre ellos una mujer, que además se encontraban en situación ilegal.

El grupo trabajaba en la cosecha de manzanas y para dormir, se distribuía en ocho piezas, donde tenían precarios camarotes de madera cubiertos por una capa de espuma como colchón.

Cuando trascendió este hecho, tomaron cartas la Brigada de Personas de la Policía de Investigaciones y el Ministerio del Trabajo. Elia Piedras, constató que los trabajadores dormían “en condiciones que no cumplen con los requisitos de salud y seguridad y porque no tiene los contratos a la vista, como exige la Ley”.

Este caso tuvo un buen final porque el grupo de extranjeros recibió la solidaridad de autoridades y de algunas instituciones y posteriormente, crearon su propia empresa de servicios agrícolas, que bautizaron como “Esperanza”.

BARRERAS

La situación descrita no constituye un hecho aislado porque con frecuencia se conocen malas experiencias que sufren quienes llegan al país con la ilusión de encontrar un mejor futuro.

Hasta hace poco más de un año, los colombianos eran el mayor número de inmigrantes, pero ahora son los haitianos -que por lo general vienen a ejercer como operarios u obreros-, seguidos de venezolanos, la mayoría de ellos profesionales.

Abelen Abrizo y Luc Jude Julien son haitianos y desde hace unos meses trabajan en una panadería. Ambos descartan haber sido discriminados y aseguran que tienen contrato, pero se quejan de ganar poco. Lo mismo Osselito Asse, quien asegura que lo han tratado bien, consiguió trabajo en una mueblería, pero “quiero que mi esposa empiece a trabajar en algo porque no me alcanza la plata para pagar arriendo, comida y los otros gastos de la casa”. Como en muchos otros casos, el mayor impedimento es el idioma.

DERECHOS

Sobre la situación de los migrantes, la Mesa Intersectorial de Trata de Personas señaló que un gran número ha vivido malos tratos por parte de su empleador, cambios negativos en su contrato o problemas de acceso a sus remuneraciones, en particular en la provincia de Curicó.
“Una gran mayoría no se atreve a formular denuncias por desconocimiento o por temor a ser despedidos”, relató Elia Piedras.

“Desde la Seremía, con apoyo de la Agenda de Trabajo Decente, hemos realizado acciones para que nuestros migrantes abandonen el miedo y sepan que pueden acudir a las inspecciones del Trabajo, protegidos por la Ley. Estos esfuerzos, que han convocado a cientos de inmigrantes en talleres de derechos laborales y procedimientos de denuncia, buscan mejorar su calidad de vida y su proceso de inclusión”, manifestó.

Al mismo tiempo, observó que los esfuerzos de la Agenda de Trabajo Decente, que cuenta con el apoyo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), están en sintonía con el Proyecto de Ley de Migración y Extranjería enviado por el gobierno en agosto al Congreso, “con la idea de actualizar la normativa obsoleta de 1975, que no reconoce el aporte de la inmigración al progreso”.

Elia Piedras agregó que “el proyecto de la Presidenta Michelle Bachelet —con enfoque en los derechos humanos y la igualdad— aumenta el porcentaje de migrantes que puede contratar una empresa de 25 más trabajadores de un 15% a un 25%, garantizando, además, seguridad social, justicia, educación y salud para todos ellos”.

LOS MÁS VULNERABLES

El Centro de Atención e Inclusión Social para Migrantes y Refugiados de la Región del Maule, de la Fundación Madre Josefa, conoce de cerca los problemas que afectan a los migrantes, entre los cuales están los laborales y las dificultades para conseguir residencia.

“El foco de nuestras actividades está en los más vulnerables, de quienes vienen con la decisión de quedarse, no tienen redes de apoyo y enfrentan el peligro de caer en redes de explotación”, relató Sonia Salas, directora de la Fundación que depende de la Congregación del Buen Pastor.

Integración Social con la ayuda de la Comunidad de Amigos y Amigas de todos los Pueblos, entre los cuales hay también migrantes asentados más tiempo en Chile y muchos de ellos profesionales; Regularización de los procesos migratorios; Integración laboral y Prevención de la trata de blancas, son las cuatro líneas de trabajo del Centro, que actualmente reúne a cerca de 500 personas de 21 países. Ellas reciben orientación para realizar trámites, les ayudan a colocarse laboralmente, reciben charlas de emprendimiento , mientras que los haitianos asisten los días sábado a una escuela de español.

La Fundación comenzó en 2014 a apoyar mujeres migrantes en Talca, peruanas y ecuatorianas, que en ese momento no eran más de 15.

María Nilsa Mosquera, colombiana –con siete años de residencia en Chile—, voluntaria de Amigos y Amigas de Todos los Pueblos, manifestó que “el acompañamiento es clave para las personas que llegan porque así la gente se siente amada y eso es importante”.

“Velamos porque los contratos sean según la Ley chilena, tratamos de que les paguen sobre el sueldo mínimo y que sean contratos seguros”, explicó Sonia Salas. En tanto, Lady Carolina Cano, también colombiana y trabajadora social de la Fundación, precisó que el contrato seguro se refiere a un documento legal y válido, puesto que muchos inmigrantes son víctimas de estafas de personas que les “venden” un contrato de trabajo falso para regularizar su permanencia.

INFORMACIÓN

Para Lady Carolina otro problema que se observa es la falta de información no solo de quienes vienen llegando, sino también de los empleadores chilenos respecto a si pueden contratar extranjeros. “Algunos no los contratan porque no tienen permiso de trabajo, pero si no lo tienen ¿cómo entonces van a aspirar a una visa temporal?”, dijo.

Las integrantes de este grupo dicen sentirse orgullosas de la labor que realizan porque “implica romper prejuicios y paradigmas. Ahora hay un clima más propicio, más favorable hacia los inmigrantes, la inclusión laboral es mayor, se les está valorando más”, remarcó Sonia Salas.

También aseveró que esta organización no opera sola, sino en alianza con otras instancias e instituciones, como el Departamento de Extranjería de la Gobernación, la Policía de Investigaciones, las mesas Intersectorial contra la Trata de Personas y de Asuntos Migratorios.
Los voluntarios también colaboran en la realización de trámites en centros de salud y en otros servicios.

“Sorprende la cantidad de inmigrantes y se observa que falta información en muchos lugares, por ejemplo, en las notarías. Hay avanzadas conversaciones para que el hospital contrate un traductor de creole y se observa esta misma necesidad en tribunales y fiscalías”, señaló.

Un paso adelante lleva la Policía de Investigaciones que ya cuenta con funcionarios capaces de comunicarse en ese dialecto.

NO DISCRIMINAR

Desde el punto de la igualdad ante la Ley, la doctora en Derecho y académica de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Talca Fabiola Vergara, dijo que está asegurada por la Constitución Política de la República, que prohíbe también las discriminaciones arbitrarias, es decir, carentes de justificación, y lo mismo consagra el Código del Trabajo.

“Sin embargo, los trabajadores extranjeros, en el hecho, sí son discriminados, cuestión que se evidencia tras el análisis de los datos estadísticos. Estos informan que hay un sector importante de extranjeros que trabajan en el mercado irregular, sin contrato y sin acceso, consecuencialmente, a las prestaciones sociales y protección de sus derechos”, analizó.

A juicio de la abogada esta es una cuestión que en parte importante obedece a que la legislación de extranjería “establece serias cortapisas al ingreso y obtención de la visa respectiva”.

Asimismo, planteó que al mantenimiento de la situación de discriminación de los trabajadores extranjeros, contribuyen estereotipos y prejuicios sociales arraigados en la población nacional y conforme a los cuales estos trabajadores “son destinados preferentemente -con independencia de su nivel educacional- a los sectores de la producción menos calificados e incluso, más riesgosos.

La profesora Vergara acotó que los prejuicios y la discriminación se combaten no solo con reformas legales.

“Al ser cuestiones con fundamentos culturales es preciso emprender acciones sostenidas y planificadas en educación, información y sensibilización. Existen acciones gubernamentales, entre las que es destacable el accionar del Departamento de Extranjería y Migración, a este respecto, así como también iniciativas de los particulares”, añadió.



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