Centenaria obra “Sinceridad” plantea problemas aún vigentes

19 Agosto 2011

Cien años han pasado desde la primera publicación de “Sinceridad”, el libro que contiene un conjunto de cartas que su autor, Alejandro Venegas Carús, escribió al entonces Presidente de la República, Ramón Barros Luco.

Un siglo después, en el contexto del Bicentenario, la Editorial de la Universidad de Talca publicó una nueva edición, con auspicio del Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura.

Oriundo de Melipilla, en la Región Metropolitana, Venegas vivió durante diez años en Talca -entre 1905 y 1915-, período en el que fue vicerrector del Liceo de Hombres, cuando dirigía el establecimiento su ex compañero de universidad, Enrique Molina. Escribió con el nombre de “Dr. Julio Valdés Cange”, y su segundo libro, “Sinceridad, Chile íntimo de 1910”, fue publicado en Santiago, ese mismo año. Sus epístolas contienen una fuerte crítica a la sociedad del Centenario. Éstas incluyen aspectos tan vastos como la crisis moral; la inequidad social, expresada en una amplia brecha entre la opulencia de los ricos y la miseria de los pobres, y la necesidad de mejorar el sistema educativo.

Venegas no sólo se preocupó de exponer sus críticas y establecer demandas en muchas áreas. También se dedicó a proponer reformas. En educación, por ejemplo, entre otras medidas, propuso crear una Superintendencia de Instrucción Nacional, que tuviera a su cargo “supervigilar toda la instrucción, pública y privada” del país.

El investigador Bernardo Subercaseaux, quien prologó la nueva edición, expresa que la obra de Venegas contiene el sentir de las capas medias de la sociedad chilena de principios del Siglo XX, en especial su malestar frente a la plutocracia (gobierno de los ricos) y el repunte de los alardes nacionalistas en el contexto del Centenario de la República. “Debe ser valorada como totalidad, como expresión del punto de vista de los sectores medios con respecto a un siglo de régimen oligárquico”, señala el investigador.

Subercaseaux releva que la posición crítica del autor, se insertó en un período en que la ciudad de Talca, por ejemplo, ejerció una gran presencia intelectual, iniciada en el siglo XVIII por Juan Ignacio Molina, y que persiste hasta hoy, “en el instituto que en la Universidad de Talca lleva el nombre del Abate”.

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